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Profesores en apuros PDF Imprimir E-Mail
miércoles, 18 de marzo de 2009

Image En el mes de noviembre el sindicato independiente de profesores ANPE presentó los resultados del servicio del Defensor del Profesor correspondientes al pasado 2008. En sólo un año –de octubre al mismo mes del año que acaba de culminar- los casos atendidos ascienden a 3.419, es decir, más de 9 casos diarios, incluyendo períodos vacacionales.

Teacher in trouble
Last November the Spanish trade union of teachers called ANPE presented the results of aggressions to teachers during 2008. In only one year the cases rose to 3,419 which is more than 9 daily cases including holidays.

Por Beatriz Bueno Jiménez

El defensor del profesor es un servicio de atención inmediata y gratuita para los docentes víctimas de situaciones de conflictividad y violencia en las aulas, que ANPE puso en marcha el 30 de noviembre de 2005. Está abierto a todo el profesorado y está operativo en las comunidades de Madrid, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Cataluña, Extremadura, Andalucía, Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco, Comunidad Valenciana, Murcia, Navarra y La Rioja. De momento, los profesores de Aragón, Extremadura, Ceuta y Melilla y Baleares están siendo atendidos desde el servicio central de Madrid, y Canarias acaba de estrenar el servicio.

En los tres años que lleva en funcionamiento, no sólo ha conseguido atender a más de ocho mil profesores de todos los niveles educativos, de la enseñanza pública y privada, sino que han logrado que el debate social sobre la conflictividad en las aulas esté presente en los medios de comunicación.

Image En consecuencia, las administraciones se han puesto en marcha y se han aprobado normas como el Plan de Mejora de la Convivencia Escolar de la LOE, un Observatorio Estatal, y la actualización de la normativa de la convivencia escolar en la práctica totalidad de las comunidades autónomas. Asimismo, las Fiscalías Generales están empezando a considerar las agresiones a los docentes como atentados a la autoridad.

Pero aún así, los problemas siguen, las situaciones de acoso, agresiones, o desobediencia chulesca continúan en las clases, y todo ello a pesar de la adopción de la nueva legislación antes mencionada.

La tipología es variada, pero toda ella igualmente irrespetuosa y reñida con las buenas maneras: un 40% del profesorado se queja frecuentemente de problemas para dar clase con tranquilidad; le siguen las denuncias de los padres (24%), el acoso y las amenazas de los alumnos (17%) o de padres (15%); la falta de respaldo de la Administración (11%) y las agresiones de alumnos a profesores (8%). En menor medida se darían las grabaciones, o captación de fotos para difundirlas en Internet (6%), daños en las pertenencias de los docentes, o las agresiones de padres o familiares (3%).

Ante esta situación, los profesionales no se resignan, y piden a través de su sindicato verdaderos cambios estructurales para solucionar el problema. Así, exigen “cambios en las normativas sobre convivencia escolar y la aplicación de la misma y el amparo legal de los profesores. Pero no sólo cuando el docente es denunciado, sino también para responder a denuncias falsas, agresiones o acoso. Además, planteamos cambios en el modelo educativo: debe abordarse la reforma en profundidad de la enseñanza secundaria y el bachillerato”.

Image Lo que es más, quieren asistencia psicológica y el reconocimiento de las enfermedades profesionales de los docentes, y una buena preparación para la resolución de conflictos, incluida en la formación inicial y continúa de los profesores. Además, advierten de que la educación es una tarea irrenunciable de los padres, y que deben ser estos los que se responsabilicen de la educación de sus hijos.

En los últimos tiempos, el sindicato está impulsando una campaña de valoración y respeto del profesor y cuyo fin último es definir qué es la autoridad del docente, imprescindible para dignificar su labor.

Campaña de reconocimiento

La iniciativa de AMPE se basa en varios puntos. El primero de todos ellos es la palabra: debe estar dotada de presunción de veracidad, y será el contrario quien soporte la carga de la prueba. Las amenazas y cualquier tipo de agresión física serán consideradas como un atentado a la autoridad.

Testimonios que dan qué pensar

Image Los insultos, faltas de respeto e incluso agresiones físicas o psicológicas que los docentes refieren en la página web magisnet.net ilustran bastante acerca de lo que deben afrontar en su trabajo diario. “En un grupo de la ESO tengo un alumno que suele mostrarse agresivo cuando se le llama la atención o se le recrimina por su forma de actuar. Estoy harto de que me boicotee la clase y se haga el gracioso metiéndose con otros compañeros. Hoy, después del recreo, llegó tarde a clase y entró gritando. Le dije que se sentase y no interrumpiese. Al rato se puso a cantar a media voz. Le dije que saliese de clase. No estoy haciendo nada y no me voy a ir, me contestó. Volví a repetirle que saliese. Su respuesta fue: el único que sobras aquí eres tú, gilipollas. Se levantó, cogió su silla y la lanzó contra mí”. Este era el testimonio de un profesor de secundaria, que mostraba con crudeza el ambiente de un día cualquiera.

Pero, lamentablemente, muchas veces las agresiones llegan más allá de las palabras. “Soy profesora de Primaria y me encuentro en un estado de ansiedad tal que sólo tengo ganas de llorar. Suelo conectar bien con los padres de mis alumnos, pero en esta ocasión he sufrido una agresión. Una madre me ha propinado una bofetada. ¿La razón? Llamar a su hijo la atención por mantener una actitud agresiva hacia sus compañeros, tanto en el aula como en el recreo. Les empuja, pega, insulta... El resto de padres ya se habían quejado del proceder de este alumno, pero los suyos no admiten que al niño se le pongan límites y a su vez creen cualquier versión falseada que les dé su hijo de los hechos”.

Y este caso no es el único: “Hoy he recibido a los padres de una alumna que me habían solicitado una reunión –yo creía en principio que informativa–. Pero, sin dejarme abrir la boca, me insultaron y se acercaron a mi gritándome, me arrinconaron y me levantaron la mano. Me decían que yo no había dejado comer a su hija el bocadillo. Comprendí entonces a qué se referían. Hace unos días, en clase, esta alumna sacó el bocadillo y comenzó a comer. Yo le dije que no estábamos en el recreo y que lo guardase. Ella me contestó, de forma insolente, que tenía hambre. Yo, enfadada, le dije que, o guardaba el bocadillo, o se iba de clase…

Muchos profesores están de acuerdo en señalar como causa de muchos males el haber pasado de una educación demasiado rígida, en la que la palabra del niño ni siquiera era tenida en cuenta, a otra en la que los menores son el centro de atención de todo, olvidando que tan sólo son eso, niños, y muchas veces no saben lo que es mejor para ellos.

 
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