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jueves, 05 de mayo de 2005

Tras los pasos de Mary Richmond

Image © Open Bank

El trabajo social en la España del nuevo milenio


Víctor G. Villarroel

Desde que, en los años ochenta, comenzaron a constituirse en España servicios modernos de atención a personas con dificultades de integración, los trabajadores sociales no han dejado de crecer en número, influencia y preparación técnica. Esto pese a la imparable crisis en que ha entrado el Estado de Bienestar, cuyo peso parece disminuir en una Europa de cambios profundos, mercados liberalistas, mundialización de la economía y creciente desigualdad económica, tanto en las sociedades que la conforman como en relación a los países del llamado Tercer Mundo.

A lo largo de la historia, desde la red de albergues y hospitales que jalonaban el Camino de Santiago en la Edad Media y los repartos gratuitos de hierbas medicinales procedentes de la farmacia del califa en la España musulmana, siempre existió algún tipo de acción social dirigida a paliar la miseria de los pobres. Durante siglos, hasta ayer mismo, se trató con ello de cumplir un deber religioso. Hoy en día, estos actos de caridad han devenido en derechos sociales, derivados de la justicia social, que las constituciones democráticas protegen, las declaraciones internacionales reconocen y que, al menos en teoría, están asumidas por casi todas las culturas del mundo.

La conversión de la caridad institucionalizada en trabajo social y a la voluntaria en profesional fue, en su mayor parte, obra de Mary Richmond (1871- 1928), que comenzó su vida como administrativa de una organización asistencial protestante y acabó fundando la Escuela de Trabajo Social de la Universidad de Nueva York, primera del mundo de esta especialidad.

A la labor sistematizadora de esta mujer se debe la mayoría de las técnicas utilizadas en el trabajo social y, más concretamente el de casos o individual. En nuestro país, el trabajo social tiene también cierta solera. En los primeros años de la transición, las llamadas asistentas sociales constituían ya un colectivo influyente y de ideología mayoritariamente progresista, que fue capaz de evitar la inclusión de la palabra beneficencia en el texto constitucional. Sin embargo, hasta principios de los ochenta, y para combatir los terribles efectos de la crisis económica, no se crea el modelo de protección social que poseemos en la actualidad.

Este sistema exige la puesta en marcha de instituciones que busquen a las personas sometidas a exclusión social con el fin de ponerlas en contacto con servicios que cuenten con medios para integrarlas. El técnico encargado de realizar esta mediación es el trabajador social, un profesional cada vez más cualificado y reconocido.

No es solamente un funcionario encargado de tramitar el llamado salario social, sino que también intentará inquirir en las causas que han conducido al cliente hasta su problema con objeto de buscar soluciones. Se trata, en resumen, de establecer una relación no paternalista con el usuario, cuyas necesidades y deseos deben de servir de hilo conductor a todo el proceso de intervención.

La familia, campo clásico de actuación en el trabajo socialImage Foto: Entorno Social.

¿Consolidación o estancamiento?

Según datos del Consejo Estatal de Colegios de Trabajadores y Asistentes Sociales, el 31 de diciembre de 1998 existían en toda España 17.526 de estos profesionales que habían pasado por el trámite de la colegiación. Luis Joyera, secretario de dicho organismo, asegura que "deben de existir algunos más que no se han afiliado a ninguna organización colegial, pese a que la ley, lo declara obligatorio". Otra cifra significativa es la de 3.000 personas, casi todas mujeres, que anualmente acaban sus estudios en las 34 escuelas de trabajo social existentes. Tenemos pues 44 trabajadores sociales por cada 100.000 habitantes.

Por comunidades autónomas, aunque el Consejo Estatal no ha podido aportar cifras concretas a nuestra revista, el grado de consolidación de los servicios sociales y, por consiguiente el número de personas que se encargan de su funcionamiento, varía según la experiencia y dedicación de cada territorio. Concepción Rancaño, presidenta del Colegio Oficial de Trabajadores Sociales de Galicia, afirma que "según el Plan Concertado, los diferentes servicios deberían ser equivalentes en toda España". No obstante reconoce que "en la práctica todavía no es así, dado que las competencias están transferidas y la financiación repartida entre el Estado, los ayuntamientos y las autonomías". En general, en las comunidades que empezaron antes, (Cataluña, Castilla la Mancha, Navarra, etcétera), la construcción del sistema está más adelantada, ya que su inversión en dinero y esfuerzo es muy superior al de las que lo iniciaron más tarde. "En Galicia", prosigue Rancaño, "se ha avanzado mucho en poco tiempo, como lo demuestra el hecho de que seamos, tras Cataluña y Madrid, la comunidad con mayor número de profesionales en ejercicio. "Creo que se está llegando a un cierto equilibrio del sistema y que, en breve, tendremos unos servicios más homogéneos en todo el país", finaliza.

De todas formas, queda aún mucho por hacer. Aunque en toda Europa el gasto de protección social no ha cesado de descender desde 1990, el de nuestro país es de los más bajos de la UE (21,6%del PIB en 1998 frente a una media de 27,7% en el conjunto de la Europa comunitaria).

Además, ni siquiera hay forma de que el Gobierno, la oposición y los representantes de los trabajadores sociales se pongan de acuerdo respecto a cuántos recursos se dedican a este capítulo. En la reciente presentación de los presupuestos generales del Estado para el año 2001, el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales (MTAS) anunció a bombo y platillo que la cantidad destinada a políticas de solidaridad se ha incrementado en un 7,5% respecto al del año anterior. Tanto Julia García, presidenta del Consejo, como la oposición socialista coinciden en afirmar que estas cifras incluyen en el epígrafe de asuntos sociales conceptos que hasta ahora se ponían en partidas diferentes. García afirma "creo que en realidad el presupuesto ha bajado. Me parece legítimo que cualquier partido al frente de una institución quiera vender su labor de la mejor forma posible. Sin embargo, el Gobierno debería aclarar conceptos que a veces obedecen más a la heterogeneidad de los términos que se emplean que a una intención deliberada de ocultar información". La presidenta advierte que este descenso es un error. "El gasto social es una inversión, tiene un carácter preventivo y, a la larga, acaba siendo un ahorro", afirma.

Coincidan o no los sectores interesados, resulta indiscutible que los profesionales encargados de hacer funcionar el sistema tienen la impresión unánime de que, como mínimo, no se está avanzando. Así, a Juan Sánchez Uriribarrea, que, desde hace doce años, presta sus servicios en el equipo base de programas de intervención familiar del ayuntamiento de Alcoy, le preocupa el estancamiento del sistema. "Los servicios sociales no es que vayan a menos, es que no evolucionan; y no crecer significa estancarse y, por consiguiente, morir".

Y es que, pese a que los expertos no se cansan de afirmar que el sistema de protección social español ha terminado su fase de crecimiento para entrar en otra de consolidación "se echan de menos las caras nuevas, se habla demasiado de lo que se hizo en los 80 y no se aporta absolutamente nada nuevo a la profesión", finaliza Sánchez.

Las personas sin hogar son usuarios habituales de los servicios sociales.Image Foto: Entorno Social.

Ámbitos de actuación

Discusiones al margen, lo cierto es que en este fin de siglo se pueden hallar trabajadores sociales casi en cualquier lugar en que las circunstancias los requieran. Hoy en día, estos profesionales ayudan a los inmigrantes en la difícil tarea de integrase en nuestra sociedad, intervienen a favor de mujeres y niños maltratados o con dificultades económicas, prestan ayuda a presidiarios y expresidiarios o a sus familias, buscan soluciones para personas con problemas de drogadicción o alcoholismo, tratan de hallar residencias, centros de día, ayuda domiciliaria o gestionan pensiones no contributivas a ancianos, atienden los servicios sociales y prestan atención complementaria en los servicios sanitarios.

Como ejemplo del trabajo concreto que desarrollan en el área de la salud, se puede citar el realizado en los centros de atención primaria del Insalud en la Comunidad de Madrid, en los que hay trabajadores sociales que atienden las demandas de personas con problemas sociales o de convivencia, que padecen enfermedades mentales, alcoholismo o toxicomanías o que tienen familiares con estas enfermedades. Escuchan también, principalmente, a gente con graves dificultades laborales o económicas, a ancianos dependientes, a familiares de éstos con dificultades para seguirles atendiendo y a minusválidos. Todos ellos se sienten aislados y requieren residencias, centros de día o ayuda a domicilio. Hasta hoy, los trabajadores sociales se limitan a hacer un trabajo a demanda, en el que se recibe a los clientes, se les orienta, se les hace una labor de escucha y contención, se les ayuda a resolver sus conflictos familiares o de pareja y, en los casos en los que requieren seguimiento, se les envía a los servicios correspondientes. Este tipo de trabajo es un buen ejemplo de coordinación de servicios sociosanitarios, una labor tan urgente como poco desarrollada en nuestro país.

Sin embargo, a juicio de muchos de los trabajadores que se encargan de esta atención, el servicio es absolutamente insuficiente. Marta Martín (nombre supuesto), que presta sus servicios en uno de estos centros, afirma que "para el tipo de actuaciones que efectuamos en la actualidad ya están los servicios sociales". A su juicio, la labor de un trabajador social en los centros de atención primaria debería ir principalmente encaminada a la prevención y a la educación para la salud. "Hasta la fecha", añade, "las direcciones médicas no dan ninguna relevancia al tema. Además, ningún trabajador social tiene tiempo para plantearse semejante labor. Es cierto que todas las áreas de salud de la Comunidad de Madrid tienen profesionales de la atención social en plantilla. Pero para responder con eficacia a este desafío, sería necesario que en cada centro hubiera uno, en tanto hoy se ve obligado a realizar su cometido en tres o cuatro".

Satisfacción profesional

La mayor parte de los trabajadores sociales afirman que su labor debería ser más preventiva que curativa, "los problemas sociales deben de ser atajados antes de que se conviertan en conflictos", afirma Julia García.

Sin embargo, para que este deseo pueda convertirse en realidad, es imprescindible que la Administración cuente con los servicios de un número mucho mayor del que tiene actualmente en plantilla. Nada parece indicar que vaya a ser así. El sistema público parece haber tocado techo en cuanto a la contratación de trabajadores sociales se refiere. En todos los foros en los que se expresan los poderes económicos o políticos se habla de contención del gasto social y de recorte de un Estado de Bienestar que en España no ha pasado nunca de ser embrionario. Así, el futuro no deja de ser una misteriosa incógnita cuyas respuestas van desde el más negro pesimismo hasta un optimismo moderado basado en la idea de que la creciente brecha entre ricos y pobres a la que estamos asistiendo necesitará ser contrarrestada mediante un incremento del trabajo social de base.

Por otro lado, ONG, fundaciones y otras asociaciones no estatales del denominado Tercer sector están llamadas a cumplir una función cada vez más importante, tanto porque el Estado tiende a transferirles la prestación de servicios asistenciales que hasta ahora eran de su exclusiva competencia como por la creación de cometidos nuevos, que hasta ahora eran inexistentes o estaban escasamente atendidos. En estas instituciones radica el principal filón de empleo de una profesión en la que comienza a aparecer el paro. Según García, estos no supone la privatización, ya que aunque los derechos sociales deben estar reconocidos, universalizados y garantizados por el sistema público, el Estado puede ceder "la gestión, que no el control, de determinadas prestaciones a empresas capaces de llevarlas a cabo de manera más eficaz".

En todo caso, la posibilidad de caer en situaciones de desempleo y las críticas que, en privado, expresan muchos trabajadores sociales sobre las condiciones en que ejercen su función, no es óbice para que otros aparezcan extraordinariamente motivados. Esto al menos se deduce de un reciente estudio del MTAS, titulado La motivación / desmotivación de los Profesionales en las Unidades de Trabajo Social, que han realizado Luis Joyera y Dolors Colom bajo la coordinación de Julia García. En él, 252 trabajadores que prestan sus servicios en Aragón, Extremadura y Galicia muestran mayoritariamente un grado de satisfacción laboral y de motivación elevado, aunque reclaman un mayor reconocimiento de su labor profesional por parte de la sociedad. Dejan también claro que su nivel de motivación está más relacionado con los resultados de su trabajo que con su retribución económica.

Carme Alós, presidenta del Colegio de Trabajadores Sociales de Cataluña, pone en duda estos datos. "No sé con que metodología se habrá hecho el trabajo o si solamente refleja la opinión predominante en esas autonomías", afirma, "pero desde luego la mayoría de los trabajadores sociales de mi colegio profesional no piensa así". Y como muestra aduce la alta participación de los integrantes de los servicios de atención social del Ayuntamiento de Barcelona en la huelga de funcionarios del pasado 14 de diciembre y que "su principal reivindicación era que se les aumentase un salario que juzgaban desproporcionadamente bajo en relación a su responsabilidad y volumen de trabajo".

Su opinión no parece una afirmación aislada ya que coincide con lo que otras muchas profesionales han expresado a Entorno Social durante la elaboración de este reportaje.

Reivindicaciones y futuro de la profesión

Con todo, además del aumento de la actuación preventiva, del número de profesionales y de retribuciones a las que ya nos hemos referido, la profesión aspira a que la sociedad conozca exactamente en qué consiste su labor. Junto a ello, se pretende situar a los profesionales del trabajo social en la coordinación y dirección de los servicios sociales. "Queremos luchar para que se reconozca el papel que hemos desempeñado en la creación, puesta en marcha y consolidación de los servicios sociales en España. Somos los primeros que empezamos en este campo y nuestro perfil profesional es el más adecuado para intervenir en los problemas sociales. Estamos en condiciones de dar una versión más integral de los problemas sociales que nadie", concluye Rancaño.

Para ello, los profesionales insisten en la necesidad de elevar su diplomatura al rango de licenciatura universitaria. Esta exigencia viene determinada por lo que supone de crecimiento científico de la disciplina y, sobre todo, por la posibilidad de optar a puestos en la Administración para los que se exige ser licenciados. Todos los consultados opinan unánimemente que es una contradicción que exista un área de conocimiento de Trabajo Social que no puede ser dirigida por trabajadores sociales. Se consideran suficientemente preparados para investigar, impartir docencia y realizar doctorados sin necesidad de cursar otras carreras que no tienen apenas relación con su especialidad.

Todos estos aspectos se debatieron a lo largo del IX Congreso Estatal de Diplomados en Trabajo Social y Asistentes sociales que, organizado por el Colegio Profesional de Galicia, tuvo lugar en Santiago de Compostela a finales de octubre. En él intervinieron más de 1.300 profesionales. Muestra del alto grado de cualificación que, en la actualidad, tienen estos titulados, la dio el elevado nivel científico de conferenciantes, procedentes no solamente de España, sino también de otros países de Europa, entre los que destacan Cristina de Robertis, experta de origen argentino que ejerce en Francia, el austríaco Herbert Paulischin, vicepresidente de la Federación Internacional de Trabajadores Sociales Europeos y Patrocinio de las Heras, concejala del Ayuntamiento de Madrid.


Concepción Rancaño

presidenta del Colegio Oficial de Trabajadores Sociales de Galicia desde 1997

«Nuestro colectivo va a ganar prestigio y reconocimiento social»

¿Por qué han decidido organizar en Galicia este IX Congreso de la profesión?

Organizar este congreso era uno de los objetivos principales que se había propuesto mi presidencia. Lo hemos celebrado en Galicia, en primer lugar porque nunca había tenido lugar aquí, a pesar de nuestro importante número de afiliados (somos 1.300) y de que contamos con Santiago, una ciudad con magníficas comunicaciones e infraestructuras adecuadas. Además, hemos cargado con la responsabilidad de organizar este evento porque creemos que gracias a él nuestro colectivo ganará en prestigio, reconocimiento social y consideración institucional en esta comunidad autónoma.

¿Qué temas más relevantes se han tratado en este congreso?

El programa gira alrededor de cuatro temas fundamentales: el análisis del papel presente y futuro de los trabajadores sociales teniendo en cuenta los cambios que la sociedad está experimentando, la incidencia del trabajo social en el progreso económico y social desde el punto de vista del desarrollo humano, que se plantea actualmente la profesión y, por último, la elevación de nuestro título al grado de licenciatura, que creemos fundamental para nuestro progreso científico y profesional.


Julia García presidenta del Consejo Estatal de Trabajadores Sociales

«El mundo sería mucho peor si no existiera el trabajo social»

¿Cuáles son los problemas más importantes con que se encuentra el trabajo social en España?

En primer lugar, ha disminuido la capacidad que la sociedad tiene para absorber trabajadores sociales, lo que supone la aparición de paro. Sin embargo, esta situación puede ser coyuntural debido a que existen nuevos yacimientos de empleo, como el trabajo social internacional, las fundaciones, asociaciones y tercer sector en general, de apoyo logístico en impactos de convivencia y en desarrollo sostenible, etcétera.

¿Está preparado el trabajador social para realizar estos nuevos cometidos?

Los trabajadores sociales están muy interesados en su formación y actualización profesional. Pocos son los alumnos de Trabajo Social que no hayan realizado masters e incluso bastantes de ellos realizan simultáneamente otros estudios. El problema que tenemos es más de adaptación a los cambios que se están produciendo de capacitación.

¿Cuál es el futuro del trabajo social en España?

Tengo un concepto muy optimista del futuro del trabajo social, ya que el mundo sería mucho peor si no existiera.

¿Cree que la serie de televisión "Raquel busca su sitio" refleja la realidad del trabajo social?

En primer lugar opino que los trabajadores sociales no ligamos tanto, ni entre nosotros hay tantos chicos. La metodología que emplean estas trabajadoras de ficción tampoco se corresponde con la realidad. Sin embargo, lo que sí coincide es el proceso de empatía y la forma en la que el trabajador social puede ser un pilar básico para una persona que tiene un conflicto o un problema. Eso me parece suficiente. Sus guionistas pidieron asesoramiento al Consejo que presido, al que hicieron caso dentro de los límites de la que imponen las reglas del espectáculo y la creación artística. En fin, me parece muy interesante para dar a conocer la profesión entre el gran público.

 
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